Una Introducción al Problema Mente-Cuerpo desde la Perspectiva Funcionalista

«Ya me había tomado una aspirina, pero seguía el dolor de cabeza. Tumbado en la cama, no podía dormir por las punzadas de la muela de abajo. Para alejar de mi cabeza esa sensación de dolor, reflexioné sobre por qué me dolía. Yo sabía que la inflamación de la pulpa dentaria enviaba actividad eléctrica por una de las ramificaciones del nervio trigémino que terminaba en el tronco del encéfalo. Tras pasar por más etapas de activación, al final el dolor era generado por células nerviosas situadas en las honduras del prosencéfalo. No obstante, nada de eso explicaba por qué me sentía fatal. ¿Cómo es que el sodio, el potasio, el calcio y otros iones chapoteando por el cerebro provocaban esa sensación tan atroz? Esta prosaica manifestación del venerable problema mente-cuerpo, allá en el verano de 1988, me ha tenido ocupado hasta el día de hoy».

 – Christof Koch

El trabajo publicado en el presente post corresponde a mi tesis de licenciatura. La misma tiene por objetivo hacer una exposición del problema mente-cuerpo tal como es abordado en líneas generales en filosofía de la mente y presentar la respuesta que este problema ha recibido desde el funcionalismo, perspectiva que se ha consolidado como hegemónica desde la década del setenta. Para ello, he organizado el trabajo en cinco partes. En la primera parte expondré el problema mente-cuerpo en el contexto de la filosofía de la mente, como así también dos respuestas que se han dado en el siglo XX, a saber, el conductismo filosófico y la teoría de la identidad. Un repaso general de estas dos perspectivas y sus dificultades es imprescindible para entender ulteriormente la perspectiva funcionalista en su contexto. En la segunda parte haré una reconstrucción de lo que considero son los puntos medulares de una concepción funcionalista de la mente. Es importante destacar que el funcionalismo que se expondrá, si bien es cercano al funcionalismo de estados de máquina introducido por Hilary W. Putnam, constituye una reconstrucción general y abstracta de las diferentes versiones funcionalistas. En calidad de tal, esta perspectiva que he denominado “funcionalismo estándar”, no tiene ningún exponente concreto, pero sirve como punto de partida para visualizar panorámicamente las críticas contra concepciones funcionalistas históricamente defendidas. La tercera parte debe verse como un esfuerzo de recopilación y reconstrucción de los principales argumentos y críticas esgrimidos contra el funcionalismo como teoría general de la mente, y en particular, con respecto a la respuesta del problema mente-cuerpo. Este quizás haya sido el desafío más importante, no sólo por el gran espectro de lugares del que provienen las críticas, sino por la sutileza de muchas de ellas. La cuarta parte es una exposición de una perspectiva funcionalista particular, la del funcionalismo homuncular teleológico de William G. Lycan. He elegido esta perspectiva y no otra porque considero que, no solamente arroja luz sobre el planteo inicial del problema mente-cuerpo, sino además permite sortear la mayoría de las críticas presentadas en la tercera parte. Desarrollaré allí dos ideas que son la llave de salida a las aporías que parecía llegar el funcionalismo estándar, a saber, la idea de múltiples niveles en la naturaleza y la idea de una teleología universal. Por último, he incorporado una quinta parte de corte ensayístico donde retomo y discuto algunas de las ideas desarrolladas en las partes anteriores, tomo cierta posición en la respuesta al problema mente-cuerpo y expongo parte de mis conclusiones personales al respecto.

El público al que está dirigido el presente trabajo es pretendidamente amplio. El trabajo no se encuentra pensado para especialistas en la materia, y si bien supone una cierta formación en filosofía, tal supuesto no es tan importante como un interés genuino por el tema a tratar.

El estilo de escritura intenta ser coherente con el público al que se dirige. He procurado al menos seguir en parte la recomendación de The Economist: “Piense lo que quiera decir y luego dígalo de la manera más sencilla posible”. Este creo que es el objetivo más arduo que se puede plantear, pero he intentado expresar todo de una manera clara, evitando tecnicismos en la medida de lo posible o aclarándolos en caso de que fuese indispensable su utilización. No me opongo a la utilización de un vocabulario específico en filosofía, pero he tratado de utilizar un lenguaje no restricto a un círculo en particular o relativo a un autor. Muchas veces en el ambiente académico hay un discurso intencionadamente vago, una necesidad de forzar una profundidad inexistente y hasta un cierto goce en no ser comprendido. He querido evitar ese tipo de divagaciones que bajo el subterfugio de lo profundo se toma licencias para decir cosas simples de una manera complicada.

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